El arquitecto Antoni Gaudí, máximo exponente de la arquitectura modernista catalana, entre el siglo XIX y el siglo XX, fue arquitecto muy amado por Barcelona, dejando a su ciudad muchísimas obras de su ingenio, desde el diseño de las baldosas del Paseo de Gracia, hasta la estructura inovadora de hormigón de sus edificios.
Gaudí experimentó un "modelo", que es posible admirar en el museo situado al último piso de la Casa Milá, o Pedrera, una maqueta de cuerdas y bolsas llenas de arena, con la que calculaba las fuerzas y las estructuras de sus obras más atrevidas.
Fotografiada siempre con una grua detrás, la Sagrada Familia sigue construyendose desde el año 1883, cuando Gaudí recibió el encargo, y en sus últimos 15 años de vida el arquitecto se dedicó a ella de manera exclusiva, tanto que a la hora de su trágica muerte causada por una accidente de tranvía, su cuerpo fue enterrado en la misma iglesia. Antoni Gaudí siempre fue personaje muy religioso, tanto que podría ser declarado beato.
Las obras de diseño y arquitectura que Gaudí ha dejado a Barcelona son muchas, pero podemos reconocer en el Parc Güell la obra que más destaca y que a la vez recoge los elementos de su poética.
El parco, en obra desde 1900 hasta 1914, presenta muchas técnicas de construcción y variedad de ambientes: la curvas típicas de Gaudí están forradas de azulejos, como en el banco ondulado del mirador, o bien son ríos de lava, columnas/árboles e incluso estalactitas: una expresión de las nuevas técnicas relacionadas con el hormigón, inspirada por la naturaleza más selvaje.
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